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“Acá es vivir o morir”: las declaraciones y reuniones detrás de la colusión del pan

—Por eso que se juntaron todos. Decían: ‘Acá es vivir o morir si no subimos el pan’ (…) Los que iban a quedar, iban a tener el monopolio igual.

Samuel Campusano declaró el 25 de octubre de 2020 ante la Fiscalía Nacional Económica (FNE). Su testimonio es una pieza clave en la investigación del organismo —liderado por Jorge Grunberg Pilowsky— que destapó la colusión de panaderías industriales para subir el precio del pan en el norte de Chile.

De acuerdo a información contenida en el expediente de la FNE —analizada por BBCL Investiga—, Campusano es uno de los dos líderes del gremio junto a Marlene Martínez, con quien participó activamente de los encuentros que terminaron por sellar el alza de unos de los alimentos más consumidos en el país. Él tenía asiento en Alto Hospicio y ella, en Iquique.

A juicio de la FNE, “ambos gestaron las reuniones y coordinaciones necesarias para ejecutar este ilícito, y dieron publicidad a los incrementos de precios”.

La reunión que inició todo

Según fuentes consultadas por este medio, la investigación comenzó a inicios de 2020. Las alertas se levantaron primero a raíz de anuncios de alza del pan difundidos por distintos medios de comunicación y, luego, por una denuncia estampada por el Sernac.

Al poco andar, los resultados eran claros. El organismo descubrió que en noviembre de 2019, Samuel Campusano (agente de Panadería Flor del Norte), en compañía de Guido Condori (Amasandería Benito), recorrió la localidad de Alto Hospicio para “contactar y convocar a otros panaderos industriales de la comuna a una reunión”.

El objetivo era uno: definir cómo hacer frente al alza en el precio de su principal materia prima, es decir, la harina.

La cita, según la indagatoria, tuvo lugar en el domicilio del propio Campusano y contó con la participación de los principales panaderos industriales de aquella comuna.

En la instancia, de acuerdo a la FNE, “definieron alzar de manera coordinada los precios cobrados a sus almaceneros por el pan ‘general’ o ‘corriente””.

En simple, la marraqueta y la hallulla.

Para ello, definieron una fecha y un precio sobre el cual debían vender.

—Don Samuel con don Guido visitaron todas las panaderías para ver qué podíamos hacer nosotros (…) Nadie a nosotros nos dijo que nos apoyaba, nada, nada, nada. Entonces, obligados, nosotros nos reunimos, entramos de acuerdo —atestiguó una de las concurrentes.

El acuerdo

Para sellar este compromiso, los agentes de la industria firmaron una especie de pacto. Se trata de un documento de una plana donde consta la firma de las 19 panaderías y amasanderías adheridas al acuerdo. La idea era convertir ese papel en una especie de “comunicado” que sería entregado a sus clientes, principalmente almacenes de la zona.

En buenas cuentas, el texto indicaba que el alza acordada se traducía en un aumento en el precio del pan general a $900 por kilo, más IVA, y comenzaría a operar el lunes 2 de diciembre de 2019.

—Esta reunión duró unos 15 minutos, ¿ya? Simplemente era tocar el tema (…) Nosotros le informamos en ese papelito (a nuestros clientes) que estábamos de acuerdo todos para poder subir de precio el pan —acotó una de las participantes.

En palabras del propio Samuel Campusano, la reunión fue así:

—Se llegó a un acuerdo, se iba a subir a $900 pesos, lo mismo que vendía Iquique. Y de ahí, cada uno según su calidad, iba a vender un poquito más, un poquito menos, pero $900 pesos era el tope de venta porque no se podía menos.

“Les dije que esto no da para más”

De manera paralela, a 13 kilómetros de Alto Hospicio, en Iquique, los panaderos industriales también iniciaron conversaciones para coludirse.

El aumento del costo de la harina —que se vio agudizada por el inicio de la pandemia—, y el ejemplo mostrado por sus colegas de la comuna aledaña, fueron argumentos suficientes para sumarse al alza de los precios iniciada en Alto Hospicio. Allí ocurrió a inicios de 2020, según quedó estampado en la declaración de uno de los involucrados que participó de las primeras citas en Iquique:

—Empezó a escasear la harina y a subir mucho, mucho. Ya, y de repente, entre colegas empezamos a conversar qué pasa con los precios, la harina. Le dije esto no da para más. Los de Hospicio armaron su gremio, subieron los precios. Y, nosotros nos juntamos po, nos juntamos, primero a ver el tema de la escasez de harina y cómo lo íbamos a hacer po, pa hacer pan (sic) —confidenció Jonathan Ceballos (Panadería JNT) el 12 de septiembre de 2024 ante la PDI y la FNE.

Según contó, la industria atravesaba un complejo escenario, puesto que un saco de la materia prima que costaba $8 mil se empinó hasta los $25 mil en menos de un año.

El mismo implicado desclasificó que en esa primera reunión de 2020 se llegó “al acuerdo de que cada miembro del gremio debería subir el costo del pan conforme a sus gastos”.

La cancha de baby fútbol

Esa cita fue sólo el punto de partida. De acuerdo a la indagatoria, desde entonces, los panaderos industriales de Iquique comenzaron a reunirse habitualmente en una cancha de fútbol ubicada en el Club Rubén Godoy.

El inmueble lo consiguió el propio Jonathan Ceballos, quien se transformaría en el tesorero de la agrupación:

—En el 2020 nos juntábamos una vez a la semana. Yo me conseguía un ladito ahí en la cancha de un amigo, una canchita de baby fútbol, con un quincho. Ahí poníamos sillas y nos poníamos a conversar (…) Y ahí quedamos de acuerdo en que cada uno subiera el pan a lo que le cueste el costo de uno. ¿Me entiende? (sic) —reveló Ceballos.

Además de la Panadería JNT, la investigación sostiene que del acuerdo también participaron Leonardo Fuentes (Panadería Moira), Norma Marca (Panadería Norma), Helio Vega (Panadería Caupolicán) y Marlene Martínez (Panadería Nano).

—Cuando se hizo una reunión que me recuerdo, se hizo un estudio de costos, de todo lo que nosotros gastábamos… en harina, en material, manteca, levadura, los gastos de agua, de luz… Hicieron todo un asunto, y a nosotros nos botaba vender entre $1.800 a $2.000 (el kilo). El que vendía a menos de eso, iba a sucumbir po —atestiguó otro de los involucrados.

Al igual que en Alto Hospicio, en Iquique decidieron informar a los almaceneros del alza de los precios a través de comunicados impresos. El texto era repartido en todos los locales por quienes repartían el pan y, en algunas ocasiones, incluso por publicaciones de prensa. Las mismas piezas terminaron alertando a la FNE y al Sernac. Una movida que, sencillamente, los dejó al descubierto.

Todos juntos

Las preocupaciones comunes que aquejaban a la industria de Alto Hospicio e Iquique derivaron en la unión de ambas organizaciones. Todo, según la FNE, bajo el alero de sus respectivos líderes. Es decir, Samuel Campusano y Marlene Martínez, respectivamente.

Según el organismo, para ese entonces ambos intensificaron la coordinación, lo que se vio reflejado, por ejemplo, en que los panaderos de Alto Hospicio comenzaron a participar en las reuniones desarrolladas en Iquique y en las vocerías públicas comunes que realizaban de las alzas efectuadas.

Esta unión fue confirmada a la FNE por Lidia Flores, de la Panadería Asunción de Alto Hospicio. En simple, relató haber sido convocada a las citas realizadas en la capital de la región de Tarapacá. Dijo haber asistido en compañía de otros panaderos de su comuna, como Roxana Cáceres (Panadería Rody), Guido Condori (Amasandería Benito) y Samuel Campusano (Panadería Flor del Norte):

—¿Sabe si en algún minuto se fusionó, o tuvo algún acercamiento con la asociación que estaba presente en Iquique? —le consultó la FNE.

—Sí pues.

—¿Sí?

—Sí pues.

—¿Nos puede contar un poco?

—Se fusionó, obvio (…) Iquique me parece que estaba sufriendo las mismas cosas igual.

Vivir o morir

El alza afectó tanto a clientes finales como a los almaceneros que les compraban directamente a las empresas coludidas.

Por ejemplo, uno de los almaceneros de Iquique afectados señaló a la FNE que los repartidores de la industria simplemente daban aviso de que “iban a subir el pan”, pero que era poco lo que ellos podían hacer.

—Empiezan a hacer sus reuniones y… y el pan lo suben y lo suben nomás po —reflexionó.

La FNE ratifica el problema en su requerimiento: “Frente a la información de alzas acordadas por los panaderos industriales, los almaceneros tenían poco o nulo margen de acción, además de los reclamos que pudieran formular.

Uno de los afectados declaró:

—¿Y usted cómo sabe eso de la de la agrupación y de las reuniones? ¿Alguien le contó?

—Es que todos dicen “vamos a hacer reunión y nos vamos a juntar los dueños de panadería y vamos a subir el pan”. Eso es todo. Uno ya no indaga más porque yo voy a buscar el pan nomás po. Y si ellos dicen “lo vamos a subir”, uno lo único que hace es reclamarle.

Samuel Campusano, uno de los líderes de los coludidos según la investigación, se defendió ante la FNE:

—En ese momento era la desesperación del momento que iban a quebrar, iban a cerrar y por eso que se juntaron todos. Decían: ‘Acá es vivir o morir si no subimos el pan’ (…). Entonces los que iban a quedar, iban a tener el monopolio igual.

“En cuanto a la posibilidad de que los clientes pudiesen buscar ofertas alternativas, la generalidad del alza en todo el territorio precavía esta contingencia. En otras palabras, si los almaceneros sabían que el alza afectaría a toda la provincia de Iquique, una búsqueda de mejores precios parecía infructuosa”, zanjó la FNE en su escrito.

Y sentenció: “Estas instancias se transformaron en el escenario ideal para desarrollar una coordinación que excedió los aspectos que pudieran estar vinculados a un ámbito lícito de carácter gremial, discutiéndose materias como el aumento en los precios de sus materias primas para tratar y acordar derechamente los términos en que los competidores debían aumentar sus precios de venta mayorista”.

En simple, en lugar de competir, se coludieron, se desprende de la ofensiva del organismo.

Fuente:BioBioChile.cl

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